Mi proceso Oxígeme es de hace mucho tiempo. Del periodo 97 -2000. Ya en los primeros días, cuando Manuel me enseñó a meditar y lo que es el hara, surgió una de las pocas certezas que he tenido desde entonces, que practicaría ambos de por vida. Los necesitaba (necesito) como agua de mayo y tenía mucho por hacer.

El proceso no me fue fácil porque era un replanteamiento general de todo, como un pensar al revés; y eso, con el trabajo tan absorbente y estresante que tenía y mi propia resistencia al cambio, supuso dar bastantes palos de ciego; aunque con la certeza y la ilusión de estar en mi proceso, en mi consciencia.

Entre los compañeros de vivencia conocí a quien es hoy mi marido. No es casualidad que en ese ambiente -de sinceridad sin tapujos- diera con la relación más sana que he tenido nunca. Él fue muy importante en mi evolución entonces y también en lo que soy ahora.

El resultado de ese periodo fue un tanto limitado, aunque la consciencia había empezado… En realidad fue el comienzo de un proceso crucial en mi vida, que no ha acabado y que espero que continúe indefinidamente.

Con la perspectiva de los años me conmueve recordar cómo, antes de empezarlo, lo había estado buscando sin conocerlo y la naturalidad con que me tomé el dar con ello, a pesar de que casi todo me era bastante ajeno. Me impresiona bastante pensar que, en realidad di con ello por casualidad, porque, por lógica, dar con algo así no era tan fácil. Hay mucha “oferta sanadora o curativa” (como se la quiera llamar), pero no esto. Mi alivio y gratitud son profundos.