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Salvador Pániker es de esas figuras de carne y hueso y de aquí y ahora con las que no te cansarías de hablar ni dejarías de leer.

El puente Oriente – Occidente que él traza es de lo más sugerente (sigue a su propia naturaleza) y entronca con su continuo escarbamiento en lo retroprogresivo rofiano que él lleva hasta el límite. Y ahí profundiza. Aunque los temas sociales sean más atractivos para la prensa, Salvador driblando sobre la dualidad -como un buen surfista de la mente- ha sido capaz de poner a la ciencia materialista y racional (sin negarla) en el borde. Ahí emerge una espiritualidad inclasificable, palabra a la que los doctos oficiales temen. Pero no Salvador Pániker, que ha vivido de su propio sueldo y eso hoy significa libertad de palabra y de obra.

Hablamos varias veces y en alguna ocasión se le escaparon algunos sentimientos. Una cena con José Luis Pinillos, Ilia y amigos, en Barna. Le dio el visto bueno a mi primer libro y puso el título al libro colectivo en el que participó; y muy contento con la marcha agustiniana de Kairós. Hay caminos que comienzan con un libro y él fue un pionero en llevarlo a cabo. Hojear un libro en Barcelona puede acarrear un revuelo inusitado en Buenos Aires.
Siempre he creído que Salvador debería de tener más peso en la Piel de Toro, pero la sentencia bíblica es acerada: nadie es profeta en su tierra.

¡Salvita ¡ En el Origen está el Final

Manuel almendro