Hoy las manos me hormiguean como otras muchas veces que lo hicieron. Pero esta vez me detengo. Escucho el cosquilleo entre mis dedos. Hoy sé que me piden escribir, así que a ellas les concedo la palabra. Quieren recordarme que hace un año ya que tomé una decisión: la de cambiar el rumbo de mis pasos.
Hace un año que, sumergida en el fondo, tuve claro que no quería seguir descubriendo qué había más abajo. Y descartada esa dirección solo quedaba una salida. Aunque la decisión fue inconsciente, y yo aun no lo sabía, el universo conspiró para ayudarme.
Así fue que, en un día repleto de sincronicidad, me envío un mensajero con M. Ella me entregó unas palabras que no pude ignorar. Había una que resplandecía entre las demás y que era desconocida entonces para mí: «OXÍGEME».
Era el pase para un viaje sin retorno en un gran barco llamado así, como el oxígeno que necesitaba.
Con confianza ciega y sin más maleta que unas pocas migajas esperanza allí me presenté. Me acompañaba la fuerte sensación de que esta vez sería diferente, éste sí era el lugar adecuado.
Y así embarqué, con Antonio como guía, en esta travesía contra las sombras que me salvó la vida.
Oxígeme es un faro de luz para atravesar la oscuridad. Gracias a todo el equipo por mantenerla encendida.
